domingo, 18 de marzo de 2012

El dia que murió Elisabeth Eidenbenz

Bajo una lluvia fina fuí a despedirme de Elisabeth Eidenbenz poco antes de que comenzara el funeral.
No me sorprendió su tumba, una sencilla cruz de madera con su nombre grabado y nada más. Austera como ella, fiel a su estilo hasta el último momento.
Tuve tiempo para dejarle una rosa roja que llevaba desde Cardedeu, y un montón de notas de condolencia que había recibido estos últimos días de gente anónima, vía mail.
De fondo, sonaba Bach ... el músico de la iglesia ensayaba para la ceremonia.
Poco a poco llegó la gente, poco más de una veintena, no más ... El alcalde de Elna con unos cuantos "niños" de la señorita Isabel. Roberto, Celia, Raul, Guy,  Tristan ... y los cuatro sobrinos de Elisabeth.  

El escaso séquito lo cerraba el cónsul de España, como representante del gobierno español, el Director General de Relaciones Institucionales de la Generalidad de Cataluña el Sr. Joan Auladell, el ama de llaves de la iglesia y el jardinero del pequeño cementerio.
Mientras el pastor protestante iba recitando una letanía en alemán, pensaba en cómo sería un funeral de Elisabeth en nuestro país. Seguro que habríamos llenado cualquier iglesia a rebosar de gente ... y allí en Zurich, poco más de una veintena ...
El alcalde de Elna y Guy, un "niño" de la maternidad de Elna, pusieron la nota emotiva cuando leyeron un pequeño discurso en francés, donde enumeraban todo lo que había hecho esta gran mujer, y que compensaba la frialdad germánica de la ceremonia.
Las notas de Bach, salidas del violín del músico, fueron la clausura de una despedida muy especial, muy a la medida de Elisabeth Eidenbenz, como siempre ... saliendo por la puerta trasera, sin hacer ruido, con poca gente para despedirla ... poco más de una veintena.

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